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Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación
Ministerio de Educación. Presidencia de la Nación Argentina
 

Palabras del Secretario General de la OEI, Álvaro Marchesi, en la inauguración del Congreso

Presidenta de la Nación Argentina. Le agradezco enormemente su compromiso con la educación y su voluntad de que la Cumbre de este año esté dedicada a la educación y a la inclusión social. Sin ese aliento, difícilmente estaríamos hoy aquí

Enrique Iglesias. Buen amigo. Nuestro director de la orquesta educativa. Muchas gracias por tu apoyo constante durante estos dos años. Aun quedan once más para su culminación y te necesitamos durante este tiempo.

Ministro de Educación, Alberto Sileoni. Referente para la educación iberoamericana. Persona comprometida con los valores educativos, con la equidad, con la atención a los colectivos más desfavorecidos, con quien he mantenido tan estrecha colaboración durante este año, que me voy a sentir solo cuando el Congreso termine. Continuaremos juntos el camino iniciado.

Ministros y ministras, viceministros, profesores, amigos y amigas.

Nos hemos reunido aquí, en Buenos Aires, para una tarea enorme e irrenunciable: un proyecto educativo y cultural iberoamericano hacia el cual queremos avanzar juntos, con el horizonte puesto en el futuro.

Un proyecto para toda una década de la mano de la celebración de los bicentenarios de las independencias que comenzaron en 2009 y 2010 y se prolongarán hasta 2021.

Un proyecto colectivo, las Metas educativas 2021, la educación que queremos para la generación de los bicentenarios, que aspira a transformar la educación, a conseguir una nueva generación de hombres y mujeres cultos y por tanto libres, en sociedades plurales, democráticas y solidarias.

A ninguno se nos olvida que vivimos graves carencias en la región. Somos países profundamente desiguales, en los que convivimos con 30 millones de personas que no saben leer ni escribir y en los que 100 millones de ciudadanos, que muchos de ellos son nuestros vecinos, nuestros familiares, nuestros amigos, no han terminado la educación primaria. A pesar de que hemos mejorado mucho en estos últimos años, arrastramos injusticias históricas a las que debemos enfrentarnos con valentía y decisión. Para ello hemos levantado entre todos este ambicioso proyecto.

Solo hay dos razones por las que hemos sido capaces de ponernos de acuerdo y de comprometernos a avanzar juntos en tan poderosa iniciativa: porque compartimos una cultura común y porque creemos en la fuerza transformadora de la educación.

Sí, amigos. Vivimos lazos y relaciones históricas, sociales y culturales que nos hacen sentirnos partícipes de unas señas de identidad colectivas. Nuestras culturas constituye el entramado de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros sueños, de nuestras formas de relación y de comunicación, de nuestra creatividad y la expresión de nuestro estar en el mundo. La cultura es aquello que asigna identidad a nuestra vida individual pero también a nuestra vida colectiva.

Como afirma con acierto Carlos Fuentes, “nuestro privilegio, nuestra personalidad iberoamericana, es indígena, africana, mulata, mestiza y, a través de Iberia, mediterránea, griega, latina, árabe, judía, cristiana y laica. Todo ello nos convierte en el espacio privilegiado, de Yucatán a Andalucía y de Minas Gerais al Algarve, para dialogar con los demás, que nunca serán los que sobran, los de menos, sino los que aún no abrazamos, los demás. Somos –podemos ser– el microcosmos de la convivencia”.

En este entorno cultural común pero diverso hemos creído en la fuerza arrolladora de la educación y hemos levantado entre todos un proyecto educativo gigantesco que aspira a transformar la historia individual de las personas y a que todos ellos tengan la razonable esperanza de un buen vivir y de una mayor felicidad. Y para el logro de este anhelo, la participación y el acceso de todos a los bienes culturales y educativos se convierte en una estrategia prioritaria y en una de las principales responsabilidades de los poderes públicos.

Para el logro de estos sueños justos tanto tiempo aplazados estamos hoy aquí, en Buenos Aires. Para respaldar un proyecto histórico, Metas educativas 2021, que aspira a transformar la sociedad y la educación.

No me cabe la más mínima duda de que la educación es el gran desafío ético y moral de nuestras sociedades. Maestros y maestras que estáis aquí, de diferentes países, con similares anhelos y dificultades. A vosotros me dirijo. Es el tiempo de la esperanza, del esfuerzo, de la solidaridad, del compromiso colectivo. Ustedes, sí, son la mayor riqueza de la región. No hay más calidad en la educación que la calidad de sus maestros y por ello el proyecto se propone cuidar especialmente las condiciones laborales, sociales y pedagógicas del trabajo del profesorado. Maestros y maestras: son ustedes la esperanza de los sueños iberoamericanos. En ustedes reposa nuestra confianza en el futuro de nuestros países. Son ustedes la principal riqueza de la región. No se cansen. A pesar de sus dificultades, a pesar de sus difíciles condiciones de trabajo, a veces heroicas, mantengan su esfuerzo y su compromiso. En su dedicación está en gran medida la garantía del éxito de este proyecto.

Hemos de ser innovadores y mirar hacia el futuro. Hemos de apostar en nuestro esfuerzo colectivo por abrir nuevos caminos en la educación. Sin duda, el logro de las competencias matemáticas, lingüísticas y científicas ha de estar en el centro del quehacer educativo. Pero no podemos olvidar el papel de las artes, de la música, de la cultura, del deporte, de la lectura, de las nuevas tecnologías para la construcción de una ciudadanía multicultural en la que tan importante es aprender a conocer como a aprender a convivir, aprender a sentir y a conmoverse, aprender a ser solidario, justo, leal y honesto.

Como afirmó con acierto José Martí, ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Esa es la tarea de la educación, de las escuelas, de los maestros: formar mujeres y hombres buenos, felices, cultos y libres. No sólo unos pocos, sino todos, sin excepción, sin exclusión.

Nuestra confianza en el futuro se sostiene en que éste no es un proyecto en el aire. Es un proyecto elaborado y concretado por cada país, con un compromiso financiero para cada una de las metas, con un conjunto de programas de acción compartidos y con la constitución de un Fondo Solidario para la Cohesión Educativa, cuya primera expresión podrán verla ustedes en el acto clausura de este Congreso.

La consecución de estos ambiciosos objetivos reclama imperiosamente la participación del conjunto de la sociedad para conseguir una educación de calidad para todos. Es preciso movilizar con imaginación a millones de personas que ayuden a resolver los problemas pendientes: municipios, universitarios, organizaciones sociales, voluntarios, empresarios y personalidades conocidas por la sociedad, quienes deberían encontrar un cauce, cada uno desde su responsabilidad y desde sus posibilidades, para colaborar en la mejora de la educación de cada país. No se trata sólo de una acción generosa, sino que es también una acción justa por la que se devuelve a la sociedad y a los desfavorecidos los beneficios recibidos a lo largo de los años.

Diez años parecen muchos años pero son escasos para los tiempos educativos. Y en el 2021, tal vez incluso antes, muchos de ustedes se preguntarán: ¿qué pasó de aquel proyecto? ¿Qué fue de él? ¿Cumplió sus objetivos o se quedó en papeles, en un interesante congreso y en una memorable inauguración? Si así fuera, habríamos fracasado. Hemos de empezar mañana mismo a ponerlo en práctica, hemos de evaluar sus resultados y hemos de fomentar la participación, el seguimiento y la exigencia social. De ahí que los ministros de educación hayan aprobado hace apenas dos horas la creación de un Instituto de Evaluación y Seguimiento de las Metas y del Consejo Asesor de las Metas Educativas en el que participen los representantes de las diferentes organizaciones y sectores sociales.

Presidenta, ministros, amigos y amigas. Vivimos en sociedades profundamente desiguales, en las que unos pocos tienen mucho y la mayoría tienen poco. Estamos convencidos de que la principal estrategia para conseguir sociedades más justas, cultas y libres es la educación. Estamos convencidos de que es posible un esfuerzo colosal para revertir una situación de profundas injusticias históricas; estamos convencidos de que merece la pena el esfuerzo y de que viviremos una vida mejor si dedicamos nuestras energías a la noble tarea de educar a las nuevas generaciones. Somos, podemos ser, la referencia para el resto de las regiones del mundo. No hay un proyecto regional tan ambicioso, tan participativo, tan comprometido, tan exigente, tan preciso. Estamos en las puertas de la década de la educación iberomericana en el mundo. Tenemos una responsabilidad histórica a la que debemos responder con determinación.

Es, pues, el tiempo de la acción, el tiempo de una esperanza compartida, el tiempo de unir nuestros esfuerzos y de trabajar juntos por un futuro mejor para todos, pero en especial para aquellos colectivos que fueron privados de sus derechos durante generaciones y generaciones.

Termino con las palabras de Gabriel García Márquez en su discurso por la concesión del premio Nobel. Unas palabras que sintetizan de forma bellísima el sentido de nuestro proyecto:

“Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Esta es, amigos, la utopía de la educación. En ella se encuentra el impulso hacia una sociedad más justa y más libre. Entre todos, en este tiempo de esperanzas renovadas, con el esfuerzo colectivo y una pasión sin límites, podremos hacer realidad los sueños que hoy aquí y para siempre nos mantendrán unidos.

 

 
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